Se vio consumida por las llamas que provocó algún sentimiento mal apagado y que alimentado por el viento ardió sin remordimientos.
De dura fachada tiene el corazón blando, raíz de un viejo árbol que fue mutilado y ahora quedó atrapado entre cenizas.
Dama de noche y dama de día, madre de todos y madre de nadie, maltratada desde la buena intención en el nombre de algún anónimo Dios.
Vino para no quedarse, como tú y como yo que algún día seremos sedimentos en las aguas del río Sena y serán las algas quienes se alimenten del polvo de nuestros huesos.
Tras respirar durante cientos y cientos de años el aire tóxico de esta extraña humanidad, algún día descansará en paz.

