“No me sigáis a mí, seguid al niño”
María Montessori
Ayer 20 de noviembre fue un día muy especial, en mi opinión uno de los días más especiales celebrado en todo el mundo, EL DÍA MUNDIAL DE LA INFANCIA. Tuve la suerte de poder compartirlo junto a algunas compañeras y familiares de mi colegio de la mano de Paco Herrero Azorín en un curso llamado “Hacia una nueva pedagogía del cuidado”, el cuidado de esas personas que vinieron al mundo con toda su pureza humana la cual deberíamos respetar por encima de todo desde su nacimiento hasta su muerte, fuera cuando fuese.
¿De qué manera?
Por lo pronto, dejando atrás nuestras dichosas expectativas basadas en sueños frustrados, películas Disney y sociedades puramente heteropatriarcales y capitalistas.
Por lo pronto, respetando sus derechos: dejándoles jugar libremente, ofreciéndoles una familia centrada en el amor y en el cariño, con tiempo de calidad, sin pantallas, sin prisas y sin nadie que nos las meta. Disfrutando de una escuela que respeta sus ritmos, sus intereses, sus pensamientos y emociones, una escuela que pone el foco en la infancia, que sigue al niño y a la niña, y que prioriza su felicidad a las lenguas y a las matemáticas.
Por lo pronto, dejándoles SER sin juicios de valor, sin expectativas, con presencia y con toda la confianza del mundo.
Ayer recordé el porqué estoy aquí, el porqué estudié magisterio de primaria, me formé como guía Montessori y canto mis canciones, y no se trata de un mero empleo sino de una vocación que busca un mundo mejor y que por bandera lleva una educación de calidad y alternativa, y aunque a veces nos veamos cegados por el maltrato de las instituciones, abramos los ojos y pongamos el foco en la infancia.
El 20 de noviembre de 1989 entró en vigor la Convención sobre los Derechos del Niño, de la Niña y de los Adolescentes, y tanto familias y escuelas como el resto de personas de todo el mundo tenemos el deber de apoyar su causa cada uno de nuestros días.
Por una pedagogía del cuidado.
Juanfran Serrano





