“Ser”

“Ser” es hacer crecer la semilla en buenas tierras,

tomando únicamente lo justo y necesario,

echar raíces,

hacernos grandes junto al brillo del Sol

y cuando estemos listos,

devolverle a la tierra todo lo que un día nos dio,

dejando en ella nuevas semillas.

Serotinia. Y de repente un incendio.

Visualicemos un bosque mediterráneo, radiante, lleno de vida, flores demostrando cuál es la más bella, insistentes pajarillos dando el “do de pecho” en un intento de embelesar a su amada, ardillas jugando entre los árboles al rugby usando a modo de pelota alguna que otra bellota caída.

Y de repente un incendio.

Ver un bosque en llamas nos desgarra el alma, nos pone tensos, sentimos miedo, incertidumbre y los pobres animalillos ven aquel hogar arder ante su aguda mirada y sin poder hacer absolutamente nada.

Ver un bosque en llamas, sí, desgarra nuestra alma pero…

¿Y qué hay de las pacientes secuoyas? ellas llevan décadas esperando a que un buen baño de fuego active sus semillas permitiéndoles brotar tras una adolescencia tardía, después, tras presentarse en sociedad entre aquel putrefacto suelo, podrán alzarse al cielo tras miles de años y alabar al Sol a más de cien metros.

Secuoyas. Sequoia sempervirens.

¿Y de los previsores alcornoques? pasan años y años tejiendo súber para elaborar así una resistente armadura de corcho a base de fundir millones y millones de células eucariotas.

Alcornoque. Quercus suber.

¿Y de la fértil jara? ¿qué sería de sus semillas sin un buen puchero de oxígeno en combustión y todo muy bien cocido a fuego lento? bien alimentadas, proliferan por todo el bosque orgullosas de ser lo que son, unas fieles aliadas del suelo que impiden la erosión originada por el agua, elemento letal y fundamental por definición.

Jara. Cistus.

¿Y de las melancólicas encinas? ellas necesitan volver a sus raíces para encontrarle de nuevo sentido a la vida, aun teniendo que acabar con todos aquellos posteriores logros.

Encina. Quercus ilex.

¡Qué conmovedor es saber que solo tras un apasionado incendio haya especies que consigan cerrar su ciclo de vida! Hay semillas que ni siquiera son capaces de desprenderse de su madre si no pasan por ellas el más vivo y fiero fuego, es ahí cuando el progenitor dona sus órganos a la tierra y entre aquellas cenizas brotan las esperadas simientes.

Sí, las plantas pirófilas son etimológicamente grandes amigas del fuego, arraigadas a una relación de millones de años.

Juanfran Serrano.

Nunca muere, nunca muere

Una vez me preguntaron: ¿qué es un libro para ti?

Y entonces soñé con un paraíso de agua cristalina, arena blanca y peces de colores que se acercaban a la orilla a saludar mientras jugueteaban con mis pies, soñé que viajaba al origen de la Tierra y sobrevolaba furiosos volcanes junto al cálido viento, soñé con el primer croar de una rana a la luz de la luna una noche de verano.

Una vez me preguntaron: ¿qué es un libro para ti? Y soñé.

Me reconforta saber que aunque pasen los años los libros se mantienen llenos de vida, nunca mueren, nunca mueren.

Un Volcán

Tras la formación de la Tierra y la solidificación de la corteza terrestre, nuestro planeta cubrió su superficie de volcanes alimentados de roca fundida, su calor interno estaba dispuesto a salir desde lo más profundo del manto hacia el exterior de cualquier forma: lava, vapor, ceniza y piedras calcinadas bañaban la Tierra, nada ni nadie podía habitar en aquella geosfera en llamas. 

Es cuando aumenta el calor que funde en magma toda roca, en la cámara impaciente por salir al exterior.

En el sentido más legal asciende en forma de vapor, chimenea natural de alta presión.

Roca fundida que escapó y ahora hay quien la llama lava y desciende calcinando todo a su paso.

El frío tiene su labor, solidifica esta canción, este volcán se transformó en la montaña.


Así fue como nació La Voz del Cosmos

Hace algunos años un giro inesperado en mi vida hizo que me encontrara de frente con la filosofía de una grandísima mujer, María Montessori. Tras descubrir quién había sido y conocer todo lo que había aportado a la educación allá por el siglo pasado, decidí formarme como guía Montessori y fue entonces cuando cambió mi forma de ver la vida, el mundo e incluso el Universo entero. 
La visión cósmica con la cual soy capaz de ver todo lo que me rodea hace que me sienta en paz cada uno de mis días, comprender el Universo y comprender todo lo que forma parte de él cambió mi mundo. Entendí por fin que todo en esta vida tiene su función y que cada ser, cada roca, cada gota, o cada soplo de viento tiene un papel fundamental en este cosmos del que formamos parte.

Quise trasmitirle todo esto a mis alumnos del colegio Montessori en el que trabajo como guía de taller I, e inspirado por la Educación Cósmica compuse nueve canciones en las que hablo sobre la historia, la biología y la geografía, y la interconexión de estas tres disciplinas entre sí.

Fue así como nació La Voz del Cosmos 💫 .

Lo eterno

La probóscide de una mariposa

Lo eterno existe, y si no que se lo digan a la partícula alfa que una vez detonó así como si nada, en medio de la nada y ahora alimenta a la Estrella del Norte a cucharas soperas, después el Universo dirá.

Lo eterno existe, te lo digo de verdad, lo eterno me dio una vez la vida y tras la muerte, nutrió una vieja encina a la cual la hiedra hoy abraza diciendo “por siempre jamás”.

Lo eterno existe, me lo dijo una vieja amiga a quien soñé junto a mi mano una tarde de verano mientras dormía la siesta a las faldas del Tibidabo.

Lo eterno existe, me di cuenta una vez mientras de niño miraba una caja de zapatos llena de hojas de morera las cuales fueron devoradas por un puñado de larvas de fugaces mariposas.

Lo eterno existe, resiste y persiste.

Le sobran los zapatos

Le sobran los zapatos, apresan sus pies haciéndolos inútiles y débiles, nos empeñamos en cubrir sus raíces con trozos de tela y plástico, pero créeme, le sobran los zapatos.

Le sobran los zapatos cual caballo la herradura. Hay creencias que dicen que los caballos no necesitan herradura, sus cascos no deben ser crucificados, pues son cuatro corazones que ayudan a bombear su sangre, le sobran los zapatos.

Fijaos, solo es cuestión de observación, en cada momento se deshacen de sus zapatos, quieren tener desnudos sus pies y no llenos de nudos que ni siquiera saben atar.

Tras la formación de la corteza terrestre, su fertilidad y la aparición de las plantas fuera del agua, nuestro planeta y los seres que lo habitaban fueron año tras año evolucionando, y llegado el momento la Tierra ya estaba lista para ser habitada por los seres humanos, el suelo se cubrió con una suave alfombra verde y adornada por delicadas flores silvestres que protegían los pies del homo sapiens de la dureza de la roca, la Tierra ya estaba lista para ser habitada y aun no existían ni los “geox” ni las “nike”.

¿Alguna vez has pisado la Tierra al desnudo en un entorno natural? ¿Has podido darte cuenta de lo que provoca? ¿Has notado esa conexión sin ningún tipo de aislante artificial? No es magia, es naturaleza.

Le sobran los zapatos y lo sé de buena tinta, me he tirado un curso entero escuchando: “Rocío, ponte los zapatos, te vas a clavar algo, te están llenando de tierra, te estás llenando de barro, Rocío, ponte los zapatos.”

“Los niños que andan descalzos perciben el mundo que están descubriendo de otra manera debido a que tienen un contacto más profundo y directo con su entorno”

Rocío tiene 6 años y no necesita para caminar sus zapatos, si los necesitara se los pondría, créeme, igual que la manzana que lleva en su mochila no necesita el papel film para ser cubierta pues esta ya tiene su propia piel.

¿Os acordáis del árbol que tanto les gusta y que los eleva hasta el cielo? Pues bien, yo los he visto trepar sin zapatos,  descalzos, con su propia piel, uniendo la planta de sus pies al tallo leñoso del árbol, el cual está unido a la raíz, formándose así esa perfecta conexión: del suelo al árbol, del árbol al cielo y del cielo al infinito.

Del suelo al árbol, del árbol al cielo

Hoy vi cómo jugaban entre las ramas del viejo árbol y no había miedo en sus miradas, no había nada qué temer, de hecho diría que era la combinación biológica más segura que nunca antes había visto dentro de un entorno escolar, solo ellos y el viejo árbol. 

Era orgánico, era real, nada artificial, sus sonrisas al natural, su enorme satisfacción al llegar a la rama más alta, la más joven, la más verde, la que bebe de la raíz más profunda.

¡Cuánto júbilo! 

Juro que llegué a confundir sus risas con el canto de algún mirlo blanco.

La simbiosis que había en ese lugar era incluso más espectacular que cualquier aurora boreal durante la madrugada del solsticio de invierno.

Era salvaje, pero de un salvaje humano, libres entre los brazos de aquel legendario ser vivo.

Trepaban ágilmente, saltaban de rama en rama, daban volteretas, gritaban de felicidad y sin el mínimo rastro de ese miedo provocado por un adulto vulnerable y asustado bajo la sombra de aquellas hojas que alaban al sol, su único Dios.

Al menos ellos lo tenían claro: del suelo al árbol, del árbol al cielo.

Llega para hacerse fugazmente eterna

Ellos ansiaban saber más sobre el Universo, la vida y su imprescindible existencia, yo ansiaba darle a ellos aquello que tanto ansiaban a través de cada uno de sus agudos sentidos, nota a nota, verso a verso:

Del místico Universo, místicos acordes arpegiados.

Del ardiente volcán, una explosiva combinación de la, la mayor, y mi yo menor.

Del aire en movimiento, un ukelele de la familia del viento.

Del ciclo del agua, una impertinente nana.

De la evolución de las especies, la guitarra de mi madre que luego pasó a ser mía. 

De la polinización de las plantas, una fiesta en la que al DJ se le fue de las manos.

De la metamorfosis, la corta y esperada vida de una mariposa.

De la evolución del ser humano, un eco-reggae.

De la ecología, un por ti pero conmigo. 

Escribí nueve poemas y los hice canción.

¿O fue al revés?

Escribí nueve canciones y las hice poesía, así ellos aprendían lo maravillosa que es la naturaleza a viva voz. Un humilde trabajo hecho con mucho cariño y que siendo en su inicio una pequeña molécula de agua helada, bajó por la ladera de la montaña nevada y se hizo cada vez más grande e imparable.

Un proyecto con el que me gustaría acercar los misterios del cosmos a su criatura más pura, el niño.

Un proyecto que más pronto que tarde verá la luz de las estrellas reflejada en sus entrañas.

La Voz del Cosmos llega para hacerse fugazmente eterna.

Consumida

Se vio consumida por las llamas que provocó algún sentimiento mal apagado y que alimentado por el viento ardió sin remordimientos.

De dura fachada tiene el corazón blando, raíz de un viejo árbol que fue mutilado y ahora quedó atrapado entre cenizas.

Dama de noche y dama de día, madre de todos y madre de nadie, maltratada desde la buena intención en el nombre de algún anónimo Dios.

Vino para no quedarse, como tú y como yo que algún día seremos sedimentos en las aguas del río Sena y serán las algas quienes se alimenten del polvo de nuestros huesos. 

Tras respirar durante cientos y cientos de años el aire tóxico de esta extraña humanidad, algún día descansará en paz.


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